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Políticas públicas y cambio climático global

por admin

El cambio climático constituye una amenaza para el bienestar de la humanidad, y el Perú es uno de los tres países más vulnerables a su impacto. Sin embargo, todavía no se conoce con detalle las implicancias de este fenómeno para nuestro país ni se discuten las políticas para enfrentarlo; todavía no somos capaces de responder eficazmente ante eventos climáticos extremos. Es urgente modificar esta situación y generar políticas públicas que reduzcan significativamente nuestra vulnerabilidad. Precisamos de políticas específicas para cada uno de los sectores afectados, que consideren las amenazas y oportunidades en cada caso. Por: María Paz Cigarán Ingeniera industrial y ex directora del Programa Nacional de Cambio Climático y Calidad del Aire del Consejo Nacional del Ambiente - Conam

Durante muchos años se quiso negar lo evidente: que el cambio climático global es un fenómeno real que está afectando a millones de personas en todo el planeta y que los seres humanos somos los responsables. El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), que reúne a más de dos mil científicos de todo el mundo, publicó hace algunos meses dos reportes que contienen evidencia científica que prueba que el cambio climático constituye una amenaza para el bienestar de la humanidad. Y para algunos lugares de la Tierra la situación es peor de lo que se había proyectado.

El efecto invernadero es un proceso natural necesario para la vida en el planeta: permite que la atmósfera absorba parte de la radiación solar que es reflejada por la superficie terrestre. Esto ocasiona que durante la noche el planeta no se enfríe en demasía, y hace posible el desarrollo de los ecosistemas. Esta absorción de radiación, que implica la retención de calor, se produce gracias a la presencia de los denominados gases de efecto invernadero (GEI), los cuales están presentes de manera natural en la atmósfera. Los principales GEI son el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso, así como los gases fluorados perfluorocarbono, hidroflurocarbono y hexafluoruro de azufre.

La causa del cambio climático es la liberación, sin ningún tipo de restricciones, de gases de efecto invernadero en una escala sin precedentes, que ha crecido considerablemente desde el inicio de la era industrial, en especial a partir de la segunda mitad del siglo XX. Como consecuencia, desde 1950 la presencia de dichos gases en la atmósfera se ha elevado de 280 a 380 partes por millón, cifras no registradas desde hace 650 mil años. Esto ha originado que el incremento de la temperatura en el último siglo haya sido de más o menos 0,6 °C , cifra mayor que cualquiera de los incrementos observados en los siglos anteriores. Se proyecta que al finalizar este siglo, la elevación podría llegar a los 6° C, seis veces lo observado el siglo pasado. Solo si realizamos cambios radicales en nuestro modelo de desarrollo y llevamos las emisiones de GEI a los niveles del año 2000 lograríamos un mejor escenario, aunque, de cualquier manera, la temperatura aumentaría entre 2 °C y 3 °C .

Por lo tanto, no importa cuál escenario enfrentemos, lo cierto es que el sistema climático global sufrirá rupturas y desequilibrios abruptos. Y estos efectos ya los estamos viviendo. Así, la superficie de nieve y la superficie glaciar vienen disminuyendo en todo el planeta. Como consecuencia de ello, el nivel de los mares ha aumentado 30 centímetros en los últimos cien años, al mismo tiempo que los océanos aumentan su temperatura, pues absorben el 80% del calor adicional que entra a la atmósfera. Mares más calientes generan mayor evaporación y favorecen la presencia de huracanes y tifones, como los que azotaron la costa oriental de EE.UU. y llevaron a la devastación de Nueva Orleáns. Y de acuerdo con el Global Water Partnership, los niveles de precipitación en el África han disminuido entre 16 y 25%, lo que ha conllevado una disminución en los caudales de los ríos hasta el 50% y el 70%.

Todos estos cambios impactan en las economías globales, nacionales y locales, pues generan enormes y crecientes pérdidas. Las pérdidas económicas globales por todo tipo de desastres naturales se han incrementado de 200 billones de dólares en los setenta a cerca de 750 millones en la década de los noventa, y el cambio climático es el responsable de al menos el 70% de las ocurrencias que generan estas cifras.

Cambio climático y vulnerabilidad en el Perú

Desde el punto de vista climático, el Perú es un país que enfrenta naturalmente muchos peligros, que podrían intensificarse con el aumento de la temperatura. Es el caso de la reducción de los glaciares, del aumento del nivel del mar y de la presencia de eventos climáticos extremos (lluvias intensas, sequías, heladas, granizadas, etc.). Durante las próximas décadas es probable que enfrentemos fenómenos de El Niño más intensos y frecuentes, mientras que las sequías se volverán más prolongadas y agravarán los problemas ya existentes de escasez del agua. Hay que recordar que El Niño de 1997-98 generó pérdidas por 3.500 millones de dólares, cerca del 4,5% del PBI nacional. Esto es cuatro veces y media lo que significó el aporte del megaproyecto de Camisea a nuestra economía. El aumento del nivel del mar, calculado entre 60 y 81 centímetros para los próximos cien años, afectará toda nuestra costa, especialmente las zonas más bajas como el área de Piura.

Por todo lo anterior, y de acuerdo con un informe del Tyndall Centre for Climate Change Research, el Perú es uno de los tres países del mundo más vulnerables al cambio climático, junto con Bangladesh y Honduras. ¿Cómo se obtiene este índice? La vulnerabilidad es resultado de la gravedad de los peligros que enfrentamos y de nuestra pobre capacidad de respuesta. El Consejo Nacional del Ambiente (Conam) desarrolló para el Perú un mapa de vulnerabilidades que muestra las áreas del país que se encuentran en mayor peligro. Para hacerlo se cruzaron tres factores: el mapa de pobreza del Índice de Desarrollo Humano del Perú, el mapa de peligros climáticos (aluviones, huaycos, sequías, inundaciones, heladas e intensas precipitaciones) y el mapa de zonas de agrodiversidad (zonas cuyos recursos de germoplasma nativo son parte importante de la seguridad alimentaria y productiva de los pobladores). Al considerar estas variables, se ha identificado que las zonas más vulnerables del Perú son la cuenca del río Piura, la cuenca del río Alto Mayo (en la selva alta), la cuenca del río Santa, la Cordillera Blanca , la cuenca del Mantaro, la zona glaciar del Cusco y la cuenca binacional del lago Titicaca.

por adminÚltima modificación 29/04/2008 13:51