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¿Qué es un consumidor responsable?

por Observatorio RSC

El consumidor particular, quizá es el actor más importante y con mayor potencial en el fomento de la RSC si llega a ser consciente de sus hábitos de consumo e impacto de los mismos. Los consumidores deberían desempeñar un mayor papel en el fomento y la recompensa al comportamiento empresarial responsable.
En la actualidad, está cada vez más asumido que nuestros hábitos de consumo deben ser sostenibles y responsables. ¿Qué quiere decir eso? Significa que nuestro consumo debe guiarse por ciertos criterios sociales y medioambientales para garantizar un entorno saludable y justo para toda la humanidad, no solamente en la actualidad, sino también para las generaciones venideras. De acuerdo con lo anterior, podríamos definir a un consumidor responsable como a una persona informada y conciente de sus hábitos de consumo. Además de conocer y exigir sus derechos como consumidor, busca la opción de consumo con el menor impacto negativo posible sobre el medio ambiente y con un efecto positivo en la sociedad. Esta manera responsable de consumir se traduce en muchos pequeños actos y decisiones diarias, y puede llegar a atravesar, si queremos, prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida. Hay muchas razones por las que deberíamos ser consumidores RES – responsables en la sociedad. Las más importantes son: Contribuir activamente a que sean efectivos los derechos de información, elección y reclamación de los consumidores y usuarios para fomentar la RSE. Solidaridad y respeto hacia todas las personas implicadas en los procesos de producción de los productos o la prestación de servicios que disfrutamos. Esta solidaridad se basa en la consciencia de vivir en una comunidad global. No solamente nos debemos preguntar: qué efecto tiene mi consumo en mí, sino también en los demás. Proteger el medio ambiente y dejar a las generaciones venideras un entorno saludable. De nuevo, se aplica la dimensión global de nuestros hábitos de consumo como vamos a ver más adelante. Conscientes del impacto medioambiental y los residuos que provoca nuestro consumo, no solamente pensamos en el momento en el que disfrutamos del producto o servicio, sino también en el antes y el después. Ejerciendo nuestro consumo de manera responsable, aprovechamos el poder de influencia del que disponemos para cambiar la realidad económica y adoptamos un mayor protagonismo en ella. Otro mundo es posible – y a través de un consumo responsable, podemos poner nuestro granito de arena para hacerlo realidad. Se ha demostrado en muchas ocasiones que la RSC no se implementa de forma real y satisfactoria si es desarrollada de manera unilateral por la empresa. En una realidad económica cada vez más compleja, las empresas han cambiado sus propios procesos de producción, en algunas ocasiones delegando las responsabilidades en proveedores y/o suministradores, y en otras deslocalizando su producción a áreas geográficas en las que la legislación en materia social y medioambiental es sumamente laxa. Por lo tanto, la RSC sólo será efectiva si todos los actores sociales – empresas, administración, consumidores, sociedad civil, etc.– se involucran y juegan un papel pro activo en conseguir que la actuación de las empresas y la sociedad en general, asuman el desarrollo sostenible que equilibre el progreso económico con el progreso social y la preservación del medio ambiente. El consumidor es una pieza clave para que la empresa evolucione hacia prácticas cada vez más responsables socialmente. Sus comportamientos y hábitos de compra influyen decididamente sobre el éxito o fracaso de un producto o servicio de la empresa. Hagamos uso de las leyes del mercado: si exigimos alimentos de cultivo ecológico, el mercado poco a poco va a reaccionar y ofrecer estos productos. Donde hay una demanda, habrá oferta. De igual manera, desaparecerán productos y servicios que no estamos dispuestos a consumir por sus impactos negativos. Esta estimación es también compartida por la Comisión Europea: “La RSE ha evolucionado, en parte,como respuesta a las expectativas y demandas de los consumidores. En sus hábitos de consumo, éstos exigen cada vez más información y garantía de que se tienen en cuenta sus intereses, principalmente en materia social y ecológica. Por su parte, las empresas son cada vez más sensibles a estas exigencias, tanto para conservar a sus consumidores habituales, como para atraer nuevos clientes.” (COM(2002) 347 final, p. 24) Si bien es cierto que muchas veces no disponemos de la información necesaria sobre los procesos sociales y medioambientales seguidos en la elaboración de un bien, para tomar una decisión de compra conciente debemos adoptar una posición activa de exigir una mayor transparencia al mercado sobre estos aspectos. Un consumo responsable, no solamente se debe interpretar como un deber moral, sino también como un derecho. Como consumidores tenemos ciertos derechos que, si se cumplen y aprovechan, pueden guiar y apoyarnos en un consumo responsable.Tenemos, el derecho de elegir, tanto individual como colectivamente; el derecho a una información completa y veraz sobre los bienes y servicios que se nos ofrecen; y el derecho a organizarnos y actuar a través de asociaciones de consumidores.
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por Observatorio RSCÚltima modificación 26/06/2007 02:30